En sus ojos se halla una terrible bondad,
me mira con ternura, deseo.
Me implora mis besos, mil carisias,
me convence con su radiante sonrisa,
su picardía.
Su manera de ver las cosas,
de verme a mí.
Y es que aquella tarde,
perdí la cordura,
me entregué a la locura,
de nuestra bella pasión.
Nuestras lenguas entrelazadas,
con millones de palabras calladas,
que callamos sin razón.
Bajo el rocío de la lluvia,
Sentimos las caricias frías,
me resguardé contra tu pecho,
sentí tu cálida protección.
Me ofreciste amor, abrigo,
me regalaste miradas, suspiros,
me brindaste sonrisas.
Me diste un pedazito de un cuento,
de una película,
de una bella poesía.

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