Así es señores, el título lo dice todo. Apenas recuerdo lo rápido que pasaron las vacaciones, y la manera en la que supe desaprovechar 3 presiados meses.
Y ya volver a la misma rutina de siempre:
Levantarse de un salto porque te diste cuenta que te quedaste dormida, bajar las escaleras a las corridas, pegarle una mordida a un sandwich de queso que estaba sobre la mesa, y correr a bañarse desesperadamente.
Mierda, donde estará el condenado jabón. Corrés al mueble donde se guardan las mayores porquerias que podrías tener en casa, y llevás el condenado jabón nuevo.
Lavarse los dientes sin ganas, peinarse a los manotazos brutos, vestirse con el uniforme reglamentario horrible ese.
Y comer, como si nunca en tu vida hubieras comido, y como si ésa hambuerguesa con queso y ensalada fuera un manjar.
Pasar 5 horas y algunos minutos dentro de ese loquero es agobiante. Mirar la hora y ver que no pasa más es agobiante.
Cagarse de hambre y de sed, y no tener plata es agobiante.
Últimamente, las tareas son agobiantes.
Y pensar que hace algunas horas estaba en la casa de una compañera haciendo divertidas maquetas con masa de colores y sacandonos fotos.
Hacer maquetas un viernes luego de la escuela es agobiante.
¡Al demonio con las reglas! Quiero poder teñirme el pelo de la manera, de la forma, del color que se me cante, quiero vestirme normalmente sin uniformes estúpidos, quiero poder usar mi piercing, a nadie le molesta. ¿Si no para qué carajo me lo hice? ¡Para usarlo, querida preceptora! (aanda a la mier*da.)
Como me gustaría estar todos los días como se me cante la gana. Salir con mis amigas, salir el finde, salir a la mañana, salir a la noche. Pero salir.
Llega el domingo y ya me empiezo a sentir sin ganas, me pongo a pensar " Mañana es lunes, otravez" Y pasarte la semana completa pidiendo a gritos callados que llegue el viernes.
Y todavía me quedan tres largos e impensables, inimaginables, años.
Como para no desear mandar todo al demonio, y hacer lo que realmente querés hacer.


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